Opinión,
27.07.2012

En estos días la práctica política se da de acuerdo a diferentes estilos, hábitos, usos, gustos y costumbres.  De todo esto se hace una amalgama de diversos sabores y colores que crean diversos entornos algunos favorables y otros no tanto para la ciudadanía.

 

Aquí es donde nos adentramos a hablar de personajes a los que les gusta vivir de los aplausos, aquellos que creen que todavía están en campaña y que no han podido demostrar con hechos la valía o capacidad que tienen para gobernar y dirigir el rumbo del territorio al que representan.


En Veracruz hemos sido testigos de alcaldes que parecen más promotores de circo, ya que creen que con puras fiestas el pueblo estará alegre, y es por ello que no le prestan la debida atención a los problemas reales de sus municipios.

 

Algunos más astutos, lo que hacen es verdaderamente ágil, solamente esperan el momento adecuado y se cuelgan medallas ajenas.  Como víboras esperando la presa, aguardan pacientemente a que algo bueno pase en su ciudad para salir a lucirse, es decir en el lenguaje político se roban las obras que no les corresponden.

 

Tal es el caso de la alcaldesa de Xalapa o su alteza; debido al gran sequito de personas que siempre la sigue (entre ellos un garganta profunda que se encuentra a metros de distancia de ella, pero que siempre se avienta su porra y aplauso a favor de su jefa).  Y es que sin duda la jefa de la capital veracruzana es una mujer dedicada, pero lo es para su cuidado personal; salir bien maquillada, peinada, vestida y ahora si, a sonreír a cuanta cámara se pueda.

 

Este liderazgo lo transmite o más bien lo instruye a sus directores o jefes de área, quienes se la pasan hablando cada que tienen oportunidad pero de obras o acciones de gobierno que por lo general son de orden estatal y en algunos otros hasta federal; creyendo que con esto la población estará conforme con el mediocre trabajo que esta gestión ha desempeñado.

 

Es por ello que sus direcciones hablan de trabajos de pavimentación, alumbrado y demás, todo en pos del esfuerzo de su alcaldesa, mientras que ella solo de vez en cuando, muy de vez en cuando y si la situación política aprieta; da el reconocimiento a los otros ordenes de gobierno.

 

Por eso, el sobrenombre de la alcaldesa de las zapatillas robadas, porque se la pasa caminando con zapatos que no son suyos, hablando de obras que no le han costado, desentendiéndose de problemas de la ciudad como el tránsito o la seguridad que son primordiales y en donde toda la carga se la ha dejado a la administración estatal; no se le vaya a correr el maquillaje o a desgastar sus zapatillas.

 

De lo que no se ha dado cuenta ni ella ni su equipo cercano, es que la cuenta regresiva ya comenzó; la sucesión está a la vuelta de la esquina (por lo menos en la selección de candidatos) y aunque no lo quieran ver, su administración ha sido muy mal evaluada; de ahí que en el pasado proceso electoral, el PRI (partido al que pertenece) quedó rezagado hasta el 3er lugar; de ahí ellos pueden justificar mil cosas fiel a su estilo; pero hay de dos sopas, o la población esta a disgusto con su trabajo o simplemente traiciono a su partido el día de la elección; ya que ellos escojan.

 

Lo cierto es que le urge una redirección de rumbo, de actitud, trabajo y comunicación; a la alcaldesa se le acaban las horas y de no ponerse las pilas, se quedará siendo reina sin corona, en donde solamente le quedará su sequito de fieles acompañantes; claro que la fidelidad se verá realmente cuando los tiempos apremien.