Opinión,
19.10.2012

El acercamiento que están teniendo el actual y el futuro presidente de México, es decir, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, ha llamado la atención de más de uno y también ha enfurecido a otros tantos; y es que nunca, por lo menos públicamente, habían tenido tantos encuentros antes del cambio de poder y hasta el momento, ellos llevan 4 contando el que sostuvieron el Martes 24 de octubre.

 

Hace unos meses, nos era difícil de imaginar un escenario donde la transición se diera de esta forma, con un Calderón que al principio de la contienda y antes de las pifias de su candidata, le entró con todo a participar en pos de su partido, recordemos declaraciones como las que hizo en el programa Primer Grado o la que dio en un encuentro de banqueros donde se cansó de insistir que la contienda no estaba definida y que Vázquez Mota, estaba muy cerquita del puntero.


Ahora se ha echado para atrás, ante la proximidad del cambio, en el que perderá el poder que aún le resta; Felipe, busca por todos los medios y contactos, de acercarse al futuro mandatario; en un intento por salvar su pellejo, a pesar de los pesares.  Esta situación precisamente es la que ha provocado una ruptura completa entre el panismo, en donde se han agrupado en dos vertientes; los Calderonistas y los radicalistas (que son todos los grupos que están en contra de Calderón); ambos buscan ser los que inclinen la balanza a favor de Peña; buscan que sus grupos sean los más apegados al nuevo mandatario y que con su representación en las cámaras, Peña logre la mayoría para sacar las iniciativas o reformas que necesita.

 

Al parecer, los priistas tendrán mucha tela de donde cortar, y es que no solamente el panismo esta dividido, también en la izquierda están resquebrajados sobre todo por los caprichos de su ex candidato presidencial AMLO; quien con el afán de conservar los reflectores, se encuentra en la víspera de formar su propio partido, llevándose un capital político que sin duda, si le dejará un hueco al perredismo; que ahora enfrentará el reto de ir por el voto de los indecisos mostrándose como una opción nueva y muy alejada de lo extremista de su ex líder.  Pero este escenario le da al equipo del futuro Presidente muchas opciones, ya que podrá negociar con cualquiera de los dos grupos del PAN, o con el nuevo perredismo, quien en su afán de quitarse la imagen de López Obrador, irá en muchas de las ocasiones con una línea diferente a la que manejen los morenistas.

 

Mientras las cosas se van acomodando, ya prácticamente estamos por entrar a la cuenta regresiva, y estamos a poco más de 30 días para tener una nueva administración federal, hagan sus apuestas, mientras que otros afilan sus cuchillos, para lo que será, sin duda, un interesante cambio de poder.