Opinión,
20.08.2012

Agua como bien económico

Un vaso de cerveza, una botella de agua de 250 mililitros, o incluso, un litro de leche, son mucho más caros que lo que cuesta a los gobiernos llevar miles de litros de agua potable a los domicilios diariamente.

 

Su bajo costo ha propiciado que no se valore en su justa dimensión el vital líquido: sólo basta con salir a la calle para darse cuesta de su desperdicio.


Hay quienes lavan sus automóviles, sus banquetas, con la manguera. Las fugas en la vía pública permanecen por semanas, pero cuando se trata de aumentar las tarifas del servicio de agua potable y alcantarillado, la gente protesta.

 

Las cifras son alarmantes y casi pocos las conocen: del total de plantas de tratamiento existentes en el estado, funcionan menos de la mitad, más del 80 por ciento del agua que utilizamos no se trata.  Responsabilidad sin duda alguna, de los municipios.

 

Así, México no está distante a vivir una situación similar a la reflejada en la película “Cuando el destino nos alcance” pues 89.2 por ciento de los mexicanos tiene acceso a agua potable. Sin embargo, ese porcentaje dice poco, en la medida que no refleja la mala calidad del fluido. Sólo 27 por ciento de las aguas superficiales tiene calidad excelente o satisfactoria.

 

Al campo se destina 80 por ciento del agua. Existen 4.8 millones de hectáreas de riego, organizadas en 82 distritos y más de 39 mil unidades de riego.

 

De las áreas que cuentan con irrigación, 80 por ciento utilizan métodos tradicionales; 55 por ciento del agua destinada a riego se desperdicia.  Peor aún, se estima que en las áreas urbanas las fugas pueden representar entre 30 y 50 por ciento del total.

 

En el estado, sólo 63.4 por ciento de la población tiene acceso a agua potable de diversas calidades (en contraste con el 89.2 por ciento a nivel nacional).  Por esta razón el estado ocupa el lugar 30 a nivel nacional en cobertura de agua potable:

 

En términos de saneamiento, la cobertura de alcantarillado en zonas rurales alcanza sólo el 35.88 por ciento de la población, en el caso de las localidades urbanas, la cobertura de alcantarillado es de 85.19 por ciento.

 

La entidad cuenta con una capacidad de potabilización en operación de 148 Mm3, que corresponde al 40 por ciento del agua superficial suministrada (371.22 Mm3). Las demandas para uso público y doméstico al 2004 son de 742 Mm3, mientras que el suministro es de 528 Mm3.

 

En lo que hace a las perspectivas de crecimiento poblacional consideradas en el Programa Hidráulico Estatal la dependencia señala que la demanda al año 2025 será de 817 Mm3 de agua.

 

En números crudos: sólo 60.4% de la población tiene acceso a drenaje sanitario, en comparación con 77% a nivel nacional. El Estado ocupa el lugar 24 en el país.

 

Población sin alcantarillado y drenaje: Rural: 1.8 millones de habitantes. Urbana: 578 mil habitantes

 

El 82 por ciento de la población se abastece de agua superficial.

 

Los bombeos directos a las redes de distribución y el inadecuado manejo de presiones, reducen la eficiencia de los sistemas, elevan los costos de operación y ocasionan un mayor desgaste de las tuberías.

 

El mantenimiento es correctivo, por lo que la mayoría de las redes de distribución y tomas presentan fugas.

 

Las pérdidas físicas en las redes se estiman en promedio de 35 por ciento.

 

El crecimiento desordenado de las localidades y las demandas sociopolíticas crean un efecto de presión sobre la infraestructura, que queda sobrepasada por el crecimiento.

 

Por ello, como decía un comercial de la década de los 80’s: ciérrale a la llave.

 

Comentarios a:yamiri@hotmail.com
Twitter: @YamiriRodriguez