Nacional,
02.11.2012

El narco adopta moda: momificar a sus difuntos

Culiacán.- Ahora los capos mexicanos imponen una nueva excentricidad: momificar a sus muertos. Esta excentricidad que se ha anexado a la narcocultura es una nueva forma de seguir manteniendo “vivos” a sus muertos, al rehusarse a perderlos para siempre.

 

Ejemplo de ello es Sinaloa, en el panteón de Humaya, donde los muertos no sólo reposan en sus grandes residencias que han sido habilitadas con todas las comodidades, además de equipos altamente sofisticados para blindarlas de intrusos, delincuentes o curiosos.


El panteón Jardines de Humaya fue construido en 1966 en Culiacán, cuna de los principales narcos mexicanos, y es conocido porque ahí se encuentran las tumbas de capos como Arturo Beltrán Leyva, El Jefe de Jefes, e Ignacio Nacho Coronel, abatidos por militares en 2009 y 2010, respectivamente.

 

Beltrán y Coronel estuvieron en algún momento aliados en el cártel de Sinaloa, aunque eran enemigos al final de sus vidas.

 

Trabajadores del ayuntamiento de Culiacán revelaron que esta moda empezó con algunos narcotraficantes, principalmente con los familiares del capo Ernesto Fonseca Carrillo, Don Neto, moda que ha sido adoptada por más operados de cárteles.

 

En la actualidad, los operadores y jefes de plaza de distintas organizaciones criminales han edificado diversos mausoleos con diversas formas arquitectónicas, cuyos costos van de los dos hasta los diez millones de pesos, según revelaron funcionarios del ayuntamiento local.

 

Los capos que están embalsamados son visitados mensual o bimestralmente por su “estilista”, quienes se encargan del corte de cabello, uñas y maquillaje, además de que les cambian la ropa para que sigan “conservando su entidad física”.

 

Así, la mayoría de los operadores del narcotráfico visitan el panteón cuando menos una vez al mes, llevan grupos musicales de banda y muchas veces no importa que grupos antagónicos se encuentren en la zona, ya que el interior del panteón es un terreno neutral, donde se respeta el duelo y la fiesta.

 

En el interior de las tumbas también se han colocado diversos objetos que eran los “preferidos” de los que murieron, por lo que a la vista pueden apreciarse las armas que utilizaron cuando cayeron abatidos, desde metralletas AK-47 y los rifles R-15 o las réplicas en oro macizo de las “trocas” que tuvieron en su vida.

 

Fuente: Excélsior