Nacional,
19.10.2012
el lazca

Ante 100 personas murió ‘El Lazca’, pero no hay testigos

Cada domingo, unas 100 personas se congregan para jugar béisbol en un terreno polvoriento marcado solamente por un montículo y gradas oxidadas.

 

 

 


Es el acontecimiento de la semana en Progreso, este pequeño pueblo de 800 habitantes en el norte de México que sólo tiene una gasolinera y no cuenta con supermercado, banco ni escuela secundaria.

 

Pese al nutrido grupo de peloteros y espectadores, nadie está dispuesto a admitir que estaba allí la tarde del 7 de octubre ni que vio el tiroteo en las afueras del campo de béisbol en el corazón del estado de Coahuila.

 

Infantes de Marina mexicanos mataron a tiros a Heriberto Lazcano, “El Lazca”, un fundador y líder del cártel de los Zetas. Es el capo de mayor importancia en ser abatido en la guerra contra el narcotráfico lanzada hace seis años por el presidente Felipe Calderón.

 

Días más tarde, nadie siquiera admitió haber estado en el partido. “No nos gustan los deportes”, comentó un adolescente que esperaba su autobús escolar la semana pasada cuando una reportera de The Associated Press le preguntó si él y sus amigos habían jugado ese domingo. Los peloteros en esos encuentros semanales son adolescentes en su mayoría.

 

Algunos residentes del pueblo sí dicen haber escuchado las explosiones de granadas que al parecer Lazcano lanzó cuando trataba de escapar, pero insisten en que estaban en casa en esos momentos y pensaron que se trataba de fuegos artificiales.

 

El escenario

 

La renuencia a hablar no es sorprendente. Las guerras entre cárteles en estados vecinos han convertido a Coahuila en una guarida para los Zetas, de la misma forma que el remoto “Triángulo Dorado” en el noroeste de México, donde se rumora que se oculta el narcotraficante más buscado del mundo, Joaquín “El Chapo” Guzmán.

 

“Coahuila es para los Zetas lo que la Sierra Madre es para El Chapo… fácilmente defendible, escasamente poblado y relativamente fácil para entrar y salir”, explicó el experto de seguridad Samuel Logan, coautor de un libro reciente sobre los Zetas.

 

El silencio y el miedo gobiernan el escarpado terreno minero y agrario de Coahuila, donde están 95% de las reservas carboníferas de México.

 

El estado provee la imagen más fresca de una sangrienta guerra en la que han muerto más de 50.000 personas desde el 2006 y la incertidumbre por la que pasa el país en momentos en que el presidente Enrique Peña Nieto se apresta a traer de regreso al poder al PRI -el Partido Revolucionario Institucional que gobernó al país durante décadas- cuando asuma el cargo el 1 de diciembre.

 

“Aquí era un lugar muy tranquilo. Las mujeres sacaban sus mecedoras y se quedaban hasta tarde platicando, jugando lotería”, recordó un reportero televisivo local de 31 años que no quiso ser identificado porque ha recibido amenazas. “Pero eso ya nadie lo hace”.

 

Los cárteles de la droga operan desde hace tiempo en Coahuila. Pero su terreno montañoso hace que el contrabando a gran escala sea muy difícil y poco atractivo para los narcotraficantes que se disputan el control de las principales rutas de trasiego de droga en Ciudad Juárez, Nuevo Laredo y Reynosa.

 

Fuente: Seguridad Publica