Globos de colores que ascendían al cielo, adolescentes disfrazados de emperadores aztecas, muchachas de minifalda que giraban panderos o listones al ritmo de trompetas y tambores, bomberos, escaramuzas, una exhibición de robots y una competencia de bandas musicales fue lo que se vivió este sábado en el desfile conmemorativo por el 150 aniversario de la batalla de Puebla.

Aunque ahora no hubo protestas ni mensajes electorales, al desfile cívico militar parece que nada le faltó, pues desde las 10:30 horas todo estaba listo, los reclutas del Servicio Militar Nacional, la gente que se asoleaba como lagartijas detrás de las vallas metálicas que se colocaron ambos lados de la calle Enríquez y los agentes de Tránsito del Estado que iniciaron el desfile trepados en sus patrullas verde mayate, en sus motos.


Mientras, en el estrado principal estaba la clase política encabezada por el gobernador Javier Duarte de Ochoa, a quien a esa hora parecía que todos querían saludar, decirle “jefe”, tocarse el pecho en la parte donde está el corazón y hacerle una señal aunque fuera de lejos.

 

Y es que este sábado todo era felicidad, se notaba en las sonrisas del presidenta de la Mesa Directiva del Congreso local Eduardo Andrade, el presidente del Poder Judicial Alberto Sosa, los secretarios de Educación Adolfo Mota, del Trabajo Marco Antonio Aguilar, el diputado Américo Zúñiga y hasta en el secretario de Gobierno Gerardo Buganza, quien se puso unos lentes oscuros tipo Matrix para que no se les lastimaran sus ojitos.

 

Y así, detrás de sus lentes oscuros veía el desfile, a las patrullas de Tránsito que llevaban las torretas encendidas, a la banda de guerra de la 26 Zona Militar que portaba orgullosa la bandera mexicana, mientras los soldados marchaban con los rifles al hombro, marcaban el paso redoblado, presumían a dos perros flacos amaestrados que también llevaron a desfilar.

 

Luego pasaron las voluntarias y personal del Servicio Militar Nacional marchando todos tiesos, ajenos a la familias que hacían bulla, gritaban, aplaudían, agitaban los pompones tricolores cuando pasaban los camiones del Ejército o los contingentes de la Subsecretaría de Educación Básica que iban encabezados por la maestra Xóchitl Osorio, las maestras de falda azul que iban bien maquiladas ellas.

 

Los funcionarios del estrado principal aplaudían con harta enjundia cuando veían que Duarte aplaudía, se decían cosas a la orejita, checaban la Black Berry y luego se acordaban otra vez que tenían que aplaudir o mostrar la sonrisa acartonada, mientras los contingentes de la Secretaría de Educación presumían sus programas como el de actualización magisterial, el programa estatal de lectura o se decían “uno-dos-tres-cuatro” para que no se les olvidara marcar el paso.

 

Todo mientras de fondo se escuchaban las notas de la música mexicana y los niños del programa rincones de lectura desfilaban enseñando sus libros y otra vez las carretadas de aplausos se oían, como se oían las matracas.

 

Por eso nadie se quería ir, los niños se sentaban en las guarniciones de la calle Enríquez, asomaban la cabeza entre las rejillas de las vallas metálicas, y poco a poco la gente se amontonaba en las escaleras de la Catedral Metropolitana para ver mejor a los agrupamientos escolares y secundarias que también participaron en el desfile.

 

Las profes iban con lentes negros bien fashion, la banda de la Secundaria Técnica 128 hacía sonar los tambores, las trompetas, silbatos, mientras las muchachas de minifalda que agitaban sus banderolas multicolores hacían emocionarse a uno que otro fotógrafo, a uno que otro funcionario.

 

Luego pasó el contingente de la Secundaria Técnica 3 sin importar nada, ni el calor ni que los maestros hubieran obligado a los alumnos a ponerse suéter y desfilar bajo el sol.

 

El maestro marcaba el paso con el silbato, y las muchachas de la marching band Buhos avanzaban con sus vestimentas de charras, agitaban los sombreros, giraban los bastones; mientras los muchachos presumían sus disfraces de aztecas con capas azul eléctrico.

 

Después llegaron los contingentes de las secundarias técnicas 97,  72 y la 122 que mostró una manta de agradecimiento por la próxima pavimentación del camino a la escuela y las chicas de la secundaria 105 giraban los panderos haciendo que el Director del DIF estatal Juan Antonio Nemi se emocionara y las grabara con su celular, bien sonriente él, bien contento.

 

Luego llegaron los estudiantes de la escuela Manuel R. Gutiérrez soltando globos verdes, blancos y rojos que ascendían al cielo, y los de la general 7 con banderas de países americanos en las playeras, que para no quedarse atrás soltaron globos metálicos.

 

Tampoco faltó la marching ban Dragones de la secundaria General 1 que hizo que la gente aplaudiera, gritara uh-uh-uh, aplaudiera otra vez, les tomara fotos hasta que aparecieron las telesecundarias, los representantes del sistema de Educación Media Superior y Superior, la Dirección General de Bachillerato, la escuela Antonio María de Rivera, de la Constitución de 1917, la Escuela Experimental y los del Cobaev que entregaron un reconocimiento al gobernador.

 

Pero los que de veras estaban emocionados eran los fotógrafos que retrataban a las muchachas y maestras de los tecnológicos de Misantla, Pánuco o Poza Rica que sacaban orgullosas el pecho. “Si voy, cómo no decía uno”, “deja saco el telefoto”, le contestaba el otro.

 

Hasta que aparecieron los estudiantes del tecnológico de Gutiérrez Zamora para darle gracias al gobernador por el apoyo para ganar el primer lugar en el mundial de robótica y hacer una exhibición de los robots fabricados.

 

Luego pasaron los normalistas, los bomberos y las escaramuzas de la Asociación de Charros de Xalapa con que terminó el desfile del 5 de mayo, una conmemoración más de la batalla de Puebla.