Muchas veces hemos escuchado esta frase. Y en realidad es cierto, una sonrisa, una caricia, un abrazo o escuchar tocar al mejor violinista del mundo con el violín más caro del mundo en el metro.
Así fue, que como parte de un experimento de un periódico de Estados Unidos, uno de los mejores violinistas del mundo, Joshua Bell, vestido con un pantalón y una gorra y tocando un
Stradivarius de 1713, que cuesta unos 3.5 millones de dólares, puso todo su empeño en tocar, durante 43 minutos, seis piezas clásicas, que más que populares son obras maestras que han perdurado a lo largo de los años para sólo tocarse en catedrales y salas de conciertos.
Joshua solo logró juntar la cantidad de 32 dólares. Se calcula que en la hora pico que el violinista tocó, 1070 personas pasaron por donde él estaba pero tan solo 27 le dieron dinero.
El experimento serviría para ver cuanta gente es capaz de reconocer la belleza, sin embargo la mayoría reprobó.
Apenas unos días antes de llevar a cabo el experimento, Joshua tocó en el teatro de Boston agotando las entradas a 100 dólares por persona. Lo asombroso de todo esto es que tocó las mismas piezas en el teatro fueron que en el metro.
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